Si mis rimas fuesen bellas,
enorgullecerme dellas
no está bien,
pues nunca mías han sido
en realidad: al oído
me las dicta… ¡no sé quién!
Yo no soy más que el acento
del arpa que hiere al viento
veloz,
no soy más que el eco débil,
ya jubiloso, ya flébil,
de una voz…
Quizás a través de mí
van despertando entre sí
dos almas llenas de amor,
en un misterioso estilo,
y yo no soy más que el hilo
conductor.
Amado Nervo
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