El Sol, con su atento y ardiente ojo,
observa al desolado verano descastado,
suave y moreno sobre la tierra caliente;
El día se tranquiliza en opacos verdes;
La lluvia, con lenta presencia, nos ataca.
Cerca, sobre el asfalto, descansan
los rectos senderos del fuego:
se los ve cerca, sobrevolando lo angosto,
Y las nubes negras, suspendidas en el vacío,
nunca más bajo en la Luminosidad,
nunca reparan felizmente el rojo de la tierra.
Los ángeles tiemblan en el cielo de la Luna,
lejos de los juncos, de los jóvenes desiertos,
y de los pequeños claros;
fuera de dos coloreados finitos, estallando de calor,
separándose lejos de los nuevos fuegos,
Creando sitio para el corazón de hielo.
Observando, tú, crudo invierno entronizado,
los ondulantes senderos de tu cabello,
Y las Estrellas de de la estrella, ocultadas por el negro,
siempre más lejos siempre...
esperando poder agrietarla... piedra.
miércoles
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