Poco pienso en lo que no he querido ser lo que soy, la alegría enmudece el alma de mi garganta, y mil pesadillas enfadadas mascullan como propietarias dentro de mi.
¡Oh, el alma de una mujer que ha pasado de la juventud no es parecida a la de un santero!
Con la conciencia perdida, olvido los años que pasaron; los sueños conseguidos susurran dentro de mi como aficionados en el estadio, y la vejez pura y decrépita, se hunde, ante tus ojos como una iglesia abarrotada, con algarabía y alegría.
¡Oh, el corazón de una mujer, que ha pasado la juventud no es parecido al de un poeta!
viernes
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